lunes, 21 de enero de 2013

Más allá de lo que ven

    Tengo una mente débil, y lo sé. Llevo tantos años tratando de dominarla que creo que la he hecho aun más débil de lo que era. Antes podía con todo, por mucho que me afectase. Ahora, cuando algo se escapa de mi dominio, me deja K.O. Hay veces que parece que no vaya ni a levantarme; cosas que me superan. Esa presión en el pecho que no me deja respirar en paz. Todos los días veo, oigo, siento cosas que me dañan. Un día sin un pinchazo de dolor no forma parte de mi vida.
    Siempre trato de aislarme. Y ahora creo que sé otra razón de este deseo: dejar de ver todos esos detalles dolorosos. Sé que eso significa también dejar de ver los bonitos. Y es por eso que siempre ando mirando al suelo, lejos del resto de personas. Muy a menudo me pregunto si el resto de personas observan tanto como yo, si también ven esos pequeños detalles, que se acaban transformando en algo grande, gordo y feo que te ataca. Cada latigazo que me da deja una cicatriz, porque ese es otro defecto de los míos. Las cosas que me han llegado al alma, que han conseguido traspasar las barreras, dejan una mueca en mi subconsciente.Es por eso que cada día soy diferente al anterior, porque todos los días hay algo que hace que cambie algo (aunque sea lo mínimo) en comportamiento y conducta de siempre.
    Sé que mis amigos son como yo, que tampoco han encajado nunca con los demás, que también eran los "raritos" allá donde fuesen; por eso nos juntamos (Dios los cría y ellos se juntan). Se supone que con ellos sí que encajo, sí me siento comprendida, me siento acogida por alguien, tengo un "hogar" junto a ellos. Sin embargo, soy una pieza a la que le han cortado las pestañitas que la hace engancharse a las demás piezas del puzzle. Aunque mi dibujo forme parte de su puzzle, aunque mi imagen encaje con la suya, yo no consigo acabar de juntarme con el puzzle grande. Aunque sean iguales que yo, hayan vivido cosas cosas similares y nuestros comportamientos sean similares, siempre habrá una barrera que me separe de todos ellos. Simplemente, no se me da bien relacionarme con la gente. Nunca dejo que nadie esté dentro de mi cabeza, y pocas dentro de mi corazón. No confío en darle a alguien el poder para destruirme, porque sé que lo hará. Supongo que soy una cabrona, porque solemos ver en los demás un "yo" que hará y pensará lo mismo que nosotros: reflejamos en otras personas nuestros propios defectos y/o errores. Y sé que yo tengo esa capacidad en la yema de los dedos, que todo lo que toco lo destruyo(otra razón por la que me alejo de todo el mundo, no tienen porqué sufrir ellos mi maldición).
    Tantas cosas que me molestan... Y otra tantas que me hacen feliz... Pero como realmente todo me va a acabar dando igual porque, al fin y al cabo, me voy a morir igual e iré al mismo sitio, haga lo que haga; pues yo ando todo el día colocada, con la cabeza en las nubes, sin fijarme en nada, sin ver ni enterarme de nada, y aun menos recordar...
   Pero cuando me falta mi Santa María, me cuesta un poco más evadirme, no pensar... Mi mente está demasiado despierta y no para de bombardearme con pensamientos estúpidos.